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Aterrizaje de la sonda Phoenix cerca del polo norte de Marte

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Barcelona, a 14 de marzo de 2008

El 25 de mayo de 2008, a las 23:36 TU está previsto que la sonda Phoenix, primer integrante del programa Scout de la NASA, aterrice en la superficie de Marte, en busca de importantes datos para el estudio de la historia del agua en el planeta rojo y para determinar su potencial habitabilidad. Simulació per ordinador de l'aspecte de la sonda d'aterratge Phoenix sobre la superfície de Mart. Destaca especialment el braç robòtic de què disposa per obtenir mostres del subsòl del planeta vermell.
La sonda Phoenix sobre las llanuras árticas de Marte
Créditos: NASA i University of Arizona


La misión Phoenix, lanzada el 4 de agosto de 2007, ha sido diseñada para el estudio del suelo y el subsuelo marcianos, y alberga la esperanza de recopilar datos sobre el clima y la geología de Marte y poder llegar a responder preguntas como: «¿es posible que el polo norte marciano albergue vida, especialmente en el hielo que se espera hallar en su subsuelo, o en su entorno?», «¿cuándo desapareció el agua líquida de la superficie de Marte?», «¿de qué manera afectan los procesos que tienen lugar en los polos marcianos entre el agua en forma sólida y gaseosa al clima del planeta rojo?». Además, el papel de la misión Phoenix puede ser vital para la preparación de futuras misiones tripuladas a Marte, ya que los datos que podría obtener acerca de la localización de agua y la composición química del suelo podrían ser esenciales.

Estos objetivos, de capital importancia, no son nuevos para la NASA , que había intentado ya alcanzarlos dos veces: con la malogradaMars Polar Lander, que falló en el momento de retornar datos desde su lugar de aterrizaje cerca del polo sur de Marte, y con la Mars Surveyor 2001 Lander, que no fue nunca enviada, a pesar de haber sido desarrollada casi hasta el final. De hecho, la misión Phoenix recibe este nombre, en honor del ave mitológica, porque «ha nacido de las cenizas» de estas dos misiones, de las cuales ha heredado algunos instrumentos.

Esta vez la misión incorpora lo mejor de sus predecesoras y lo combina con la más avanzada tecnología del momento, todo ello por una cantidad relativamente económica, tal como pretende el programa Scout, que tiene el objetivo de proporcionar misiones competitivas a precios asequibles para completar las líneas de investigación marcadas por las grandes misiones estratégicas del Programa de Exploración Marciana de laNASA .

Fotografia de la sonda Phoenix, en el laboratori, amb els panells solars estesos, envoltada per alguns dels treballadors del projecte. S'aprecia perfectament la mida de la sonda espacial: més o menys com una furgoneta de transport mitjana.
La sonda Phoenix con los paneles solares totalmente extendidos
Créditos: NASA y University of Arizona.

Tal como puede comprobarse en la imagen anterior, la sonda Phoenix no es un «explorador», como buena parte de las últimas grandes misiones a Marte: tiene una movilidad reducida una vez ha aterrizado. Esto es debido al hecho de que los responsables de la misión saben perfectamente dónde quieren ir: a los 68º Norte, 233º Este de Marte, donde tienen firmes esperanzas, proporcionadas por misiones previas, de que en el subsuelo, a pocos centímetros de la superficie, hay agua en estado sólido. Por esta razón, para llegar a esta agua, la sonda incorpora un brazo robotizado, al estilo de la Mars Polar Lander, capaz de cavar en la superficie de Marte hasta las capas de interés.

Recreació de l'aspecte de la sonda Phoenix sobre el vermellós terreny de Mart, amb el seu braç robòtic estès retallant-se sobre l'horitzó en el moment de l'ocàs.
Recreación de la sonda Phoenix trabajando sobre la superficie de Marte
Créditos: NASA y University of Arizona.

Para el análisis de las muestras obtenidas, la sonda Phoenix dispone de una buena cantidad de instrumentos: hornos en miniatura, un espectrómetro de masas, un laboratorio químico completo (lab-in-a-box), una estación meteorológica y diversos sistemas de imagen, entre los que destaca un microscopio de fuerza atómica. Todos estos instrumentos han sido construidos en colaboración con universidades de Estados Unidos, Canadá, Alemania y Suiza, así como empresas privadas, y se enfrentan al reto de trabajar soportando a lo largo de los tres meses que se espera que se mantengan operativos las terribles amplitudes térmicas de esta zona de la superficie de Marte, equivalente al norte de Alaska en nuestro planeta: de -133 a 22 ºC.

 
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